Una evaluación de más de tres décadas de ensayos sobre la biotecnología del frejol muestra las repercusiones de ese cultivo para la seguridad alimentaria de la población y para el crecimiento socioeconómico de los productores en Santa Cruz.
La investigación "La aventura del frejol en el oriente boliviano: impacto de la adopción del frejol (Phaseolus Vulgaris L.) en el departamento de Santa Cruz 1989-2013", realizada por Juan Beningno Ortubé y José Padilla, es un repaso histórico a la introducción de esta leguminosa en la alimentación de los hogares bolivianos, aunque el frejol tiene origen en los andes americanos.
Ortubé explicó que hacia 1980 se introdujeron variedades mejoradas de frejol a Bolivia, que para entonces era de cultivo y consumo desconocido, pero en 1989, con financiamiento de la cooperación suiza (COSUDE) y apoyo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), se desarrolló la investigación científica sobre el frejol.
"En 1978, 10 kilogramos de frejol llegaron a Bolivia en una caja de cartón procedentes de Colombia y 10 años después, Bolivia exportaba miles de toneladas de frejol en contenedores metálicos a cinco países. Pero tal vez la principal transformación puede observarse en los propios productores: el frejol no solo contribuyó a diversificar la economía y la dieta de miles de familias, sino que permitió la creación de sólidas asociaciones de productores que influyen hoy en diversos ámbitos de la vida de las comunidades campesinas", según el resumen del estudio.
Entre los años 1989 y 2000 se liberaron variedades de frejol para Bolivia, se capacitó a profesionales en investigación, surgieron cooperativas y asociaciones de productores, y se abrió un mercado en Brasil, Colombia y España. A principios del siglo XXI se tenía 40 mil hectáreas de cultivos de frejol, y aproximadamente 3.500 familias productoras.
Ortubé, actual explicó que antes de la introducción de este producto los agricultores solo tenían una siembra al año en verano. "Sembraban en diciembre su arroz, maíz, algodón y soya, y cosechaban en abril –explica al Periódico Digital del PIEB, y de abril hasta noviembre salían del chaco y se iban a cortar caña, a cosechar algodón, como jornaleros. Cuando la Universidad hace estudios para introducir frejol en el oriente, encuentra que se debería sembrar en invierno, de abril a junio, entonces cuando los agricultores vieron sus beneficios ya no salían a trabajar de jornaleros".
El impacto ecológico también fue importante porque el maíz y el arroz son cultivos extractivos de los nutrientes del suelo, pero el frejol, al ser una leguminosa, devuelve esos nutrientes.
Actualmente se cuentan 11 empresas que comercializan frejol, 4.000 agricultores y 60 mil hectáreas orientadas a este cultivo. Ortubé explica que el grano tiene un alto valor nutricional porque contiene entre un 23% y un 25% de proteínas.
"En un inicio (el frejol) carecía de concentración de hierro, en el año 2007 formamos parte del proyecto del CIAT para que a los frejoles convencionales le agreguemos mayor cantidad de hierro y zinc. Hemos tardado cinco a seis años en hacer biotecnología, y hemos logrado que a las variedades de los agricultores, una variedad que tiene 50 partes por millón (ppm) de hierro y 25 ppm de zinc, con biología molecular hemos llegado a tener 120 ppm de hierro y 50-60 ppm de zinc. Ahora contiene proteína, hierro y zinc, eso estamos promocionando", dice Ortubé. Los frejoles Fortaleza, Negro Chané y Negro Sequía son aptos inclusive para ser introducidos en los subsidios del gobierno para combatir la anemia en la población. La introducción del frejol biofortificado sucede además en municipios donde se sabe que existe deficiencia de hierro, como los de provincia Cordillera.
Fuente: periódico "Jornada"
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